La relación entre la felicidad y las posesiones materiales fuera de las necesidades básicas nunca se ha establecido, sin embargo seguimos creyendo falsamente que el tener más dinero nos hará más felices. Cuando se le pregunta a la gente cuánto dinero desea tener para ser más feliz, generalmente contestan que sería un 25% más de lo que tienen actualmente, pero cuando alcanzan ese 25% más y se les pregunta de nuevo siguen pensando que seáían felices con 25% más. La pregunta es...a qué se debe esto?

 

 

Si el dinero no trae la felicidad ¿qué la trae?. Las principales determinantes para sentirse felíz y en bienestar, estan relacionadas con la satisfacción con la vida familiar, especialmente el matrimonio, seguidos por la satisfacción con el trabajo, la libertad de desarrollar talentos, y la amistad.

Cuando existen peleas por dinero, estas tienden a deberse a una lucha de poder, y ésta puede durar tanto como dure la unión. Otros problemas como asuntos sexuales se resuelven de alguna manera u otra a lo largo del matrimonio pero los problemas de dinero pueden durar toda la vida a menos que se resuelvan desde el principio y se eviten estableciendo con tu novio(a) una manera de administrarse y elaborando juntos en pleno romance un presupuesto incluyendo las necesidades de ambos. Esto de ninguna manera le resta magia al comienzo de tu matrimonio, al contrario, los une como dos personas que de ahora en adelante van a establecer el compromiso de compartir, crecer y quererse.

¿Por qué los problemas de dinero pueden durar tanto y crecer sin fin? Porque cada uno de nosotros traemos un bagaje emocional enorme desde nuestra infancia, el cual fue forjando nuestras actitudes con respecto al dinero.

 






Para algunas familias el dinero significa viajar, para otras educación, ahorrar para una época difícil y para otras más significa tener la capacidad de escapar cuando las cosas se pongan muy mal. El dinero sin embargo, es una simple herramienta para vivir, algo que debemos utilizar tan desapasionadamente como el sacudidor o la escoba. No existe realmente porque pelear si la pareja toma las debidas precauciones, se pone de acuerdo en un presupuesto y se apega a el. Si las circunstancias cambian, se replantean el presupuesto y trabajan para hacer los reajustes necesarios. Eso es todo. Al hacer tu presupuesto y a lo largo de tu matrimonio no te olvides de la palabra COMPROMISO.

Lo más importante, el que se compromete, le deja siempre saber al otro que el amor sigue ahí, aún cuando hay discrepancias. Las peleas que terminan bien son aquellas en las que nadie gana o pierde, sino aquellas en las que cada uno tuvo que dar un poco de si para amoldarse al otro y darse cuenta de que la discusión les sirvió para entenderse aún mejor.